Pensando una apertura

un argumento que sorprenda al rival

mas no hay tarea más dura

ni hazaña tan infernal

que acabar el duelo de modo triunfal.


Varias piezas perdidas

las negras se imponen en el tablero

pero aún hay salidas

y mi ataque certero:

¡jaque a la parca, aún yo no muero!


Su monda calavera

frota eligiendo una buena jugada

y la reina se esmera:

amenaza truncada,

mi triste esperanza ha quedado en nada.


Un estúpido enroque

fruto de mi miedo, de mi enfermedad,

que quizá me derroque

y deje sin voluntad

si es que «la fría» no muestra su piedad.


En mi último aliento

contemplo ese movimiento esperado

rápido como el viento,

mortal y despiadado,

llevará mi alma a algún otro lado.


¡Maldito jaque mate!

¡Malditas sean las reglas del juego!

He perdido el combate

y a la muerte le ruego

que me dé revancha en medio del fuego.