No parecía haber ningún principio, y quién sabe si algún final. Era la sensación de un continuo, una línea infinita por la que iba avanzando sin saber muy bien hacia dónde me llevaban mis dubitativos pasos y, alrededor, lo desconocido, lo oculto, lo oscuro, todo aquello que tanto me asustaba parecía agazapado, muy cerca de mí, preparado para echárseme encima cuando menos lo esperara.

Lo más curioso de todo era que el lado más racional de mi mente se reafirmaba en la idea de que aquello no era otra cosa sino un sueño, solo un estúpido sueño del que me reiría por la mañana mientras tomaba apresuradamente un café y me preparaba para encarar un nuevo día. Sin embargo esa otra parte extraña de mí, la que incluso me atemorizaba al no comprender del todo su peculiar funcionamiento, me hacía comprobar que el componente onírico de aquello que estaba viviendo trascendía con creces todo lo que yo siempre había creído, mi cuadriculada visión del mundo, de lo real…

Cientos, quién sabe si no miles, de sonidos se fundían, algunos más reconocibles como voces susurrando o el fuerte soplido de un viento que, sin embargo, no sentía sobre mi cara, sobre mi cuerpo. Por el contrario había otros que, además de no haber escuchado nunca antes, ni siquiera creía poder describir, logrando entre la suma de todos ellos crear una especie de banda sonora que no hacía sino incrementar mi incertidumbre y un tremendo desasosiego.

En el aire, si es que se podía llamar así a aquello que me rodeaba, podía contemplar una extraña sustancia negruzca, a veces parecía solo humo, pero otras daba la sensación de tener una textura mucho más solida, incluso aunque suene estúpido llegué a pensar que, de algún extraño modo, esas formas caprichosas y cambiantes que iba formando ante mis atónitos ojos no eran del todo casuales, que quizá hubiera «algo más» que no llegaba a comprender.

Sería imposible negar la desazón que todo aquello me causaba aunque, por otro lado, sentía también como si no todo resultara tan ajeno, tan raro, como si una parte de mí conectara con aquel sitio de una manera natural, casi subconsciente, como si ya hubiera estado allí antes.

Entre el enigmático ambiente sonoro que me rodeaba empecé a distinguir una voz que pronunciaba mi nombre, no el nombre por el que siempre me habían conocido sino otro, pero de algún modo sabía que era el mío, no albergaba ninguna duda sobre ello, ni tampoco por el hecho de saber que debía acudir a esa llamada.

La excitación recorría cada parte de mi ser, de un modo casi eléctrico, e iba en aumento notando la cercanía de esa presencia que me reclamaba con tanta insistencia. Todo los desconocidos elementos que me rodeaban parecieron pasar a un segundo plano mientras me sumergía en una especie de vórtice de tonos oscuros que al instante ya envolvía todo mi cuerpo mientras continuaba caminando y, al final de aquel remolino, pude ver una entidad a la que sentía poderosa, distinta y, sobre todo, vacía de cualquier sentimiento positivo, de cualquier sentimiento humano.

No comprendiendo el porqué seguí avanzando, sintiendo como el aura de aquella criatura me atrapaba, como si se tratara de un campo de fuerza del cual no podía escapar, notando como se regodeaba al igual que la araña que se sabe vencedora cuando la mosca se posa sobre su red, degustando cada segundo previo al desenlace de esa ilenudible escena. Tenía la sensación de que quizá el espacio, como el tiempo, no fuera allí tan importante como en el «mundo real», pero eso no evitaba que me sintiera impresionado y atemorizado por las tremendas dimensiones que parecía tener aquella cosa que se levantaba al notarme ya muy cerca.

Un bramido que parecía salido de las entrañas del más negro rincón imaginable silencio todos los demás sonidos y pude captar con mayor nitidez y una intensidad mucho más poderosa la energía de aquella abominación que se dirigía hacia a mí a una velocidad inusitada para un cuerpo tan sumamente enorme. Mientras esperaba quieto la embestida de mi oscuro oponente, el golpe que acabara con aquel absurdo episodio en el acto… pero eso finalmente no ocurrió.

Cuando estaba tan cerca que hubiera podido tocar la repugnante piel que recubría a aquel ser si hubiera estirado mi brazo, una especie de haces de luz azulados surgieron del suelo, abriéndose paso entre la casi total oscuridad, y creando una especie de escudo que lo rodeaba, con un fulgor tan potente que casi dañaba mis ojos y, por suerte para mí, también los del monstruo, incapaz siquiera de acercarse un solo centímetro más.

En pocos segundos todo había acabado, la intensidad de los rayos luminosos se incrementó más y más hasta un punto en el que generaron una especie de implosión haciendo que desapareciera de aquel absurdo universo onírico que tanta ansiedad había conseguido crearme.

Desperté jadeante sobre la cómoda superficie de mi cama, un tanto confundido pero recordando perfectamente todo lo que me había acontecido en tan extraño sueño, con la sensación de que había algo más en el mismo, y sobre todo con la última imagen de aquel ser gruñendo de ira, de odio, justo antes de que volviera a la «realidad». Algo me decía que no sería mi última incursión allí, ¿acaso me estaba volviendo loco por pensar que aquello tenía algo de auténtico?

Sumido en mis estúpidos pensamientos me sorprendí abriendo mi puño derecho, cerrado fuertemente desde que despertó, y descubrió así una pequeña porción de aquel fluido oscuro y extraño que tanto le había llamado la atención en el sueño, ¡pero ahora estaba allí!

Se comportaba de igual modo, dibujando figuras hipnóticas mientras se mantenía flotando en el aire sin que pudiera dejar de mirar como mutaba, mientras me preguntaba de qué demonios se trataba todo aquello, dudando de qué parte de todo aquello era real. Debería comprobarlo…